Una Tienda De Imágenes

Hoy el despertador ha sonado pronto, un poco antes de lo normal. He puesto una cafetera italiana con café bueno. He hecho suficiente para toda la mañana. A las 8, tras asearme y desayunar, he leído un poco, media hora casi. Me gusta que leer sea lo primero que hago en el día. Luego ya encaro el mundo.

Mi bebé duerme como un tronco, como un tronco pequeñito. Como una ramita. Y su madre también. Nunca olvido cerrar la puerta de la habitación, porque no quiero que el ruido del café bullendo, ni el vaso en la mesa, ni el pasar de las hojas, pueda perturbar en manera alguna sus sueños. Echo fruta en la mochilay el café que queda en un termo. Bajo por las escaleras y camino por la ciudad unos quince o veinte minutos. Llevo en las orejas unos auriculares para oír la radio, por si ha pasado algo excesivamente importante. Si es así, mejor que pase en esa franja horaria, porque luego ya no me importa nada hasta el día siguiente. La tienda está en una calle no demasiado céntrica.

Tengo una tienda de imágenes. No os lo he dicho. Me dedico a vender imágenes que he hecho yo. Es como una pequeña tienda de artesanía pero con imágenes. Como si de pequeño me hubiera dado por hacer ceniceros de arcilla y entonces de adolescente hubiera entrado en una escuela de artes y oficios para aprender formas, materiales, herramientas… Y claro, con todo lo aprendido en esa vida larga dedicada a la arcilla, a coser ropa o fabricar lámparas voy y monto una tienda. Pero de imágenes. Tengo de todo en la tienda: paisajes, retratos, bodegones, imágenes abstractas, hiperrealistas… pero lo que más se venden son los bocetos hechos a lápiz. Tengo una tienda de imágenes, tendré una tienda de imágenes. Será increíble. Pasaré ocho horas en mi tienda. Tengo detrás un taller donde las hago, las preparo, las termino, las revelo, las edito. Y la gente viene, pasa por la puerta porque quiere una imagen, una imagen bonita, o graciosa o salvaje, y me preguntan… yo siempre digo mira, aquí tengo varias, pasa, toma, observa, si no te cuadran me puedes decir cómo la quieres y te la hago, esta tarde puedes pasar a recogerla.

Es un barrio precioso, la gente es amable. Todos me conocen y saben que si necesitan una imagen, me tienen allí, trabajo rápido y no me pongo muy exquisito con las peticiones. Hay clientes más tiquismiquis, que te dan muchas vueltas para un encargo, pero es normal, quieren una imagen a medida y es algo muy personal, yo nunca pierdo los nervios y trabajo hasta que están contentos con lo que se llevan. Pero sobre todo me gusta cuando los niños se quedan en el escaparate embobados viendo escenas que no sabían que existían, y entonces le tiran a sus madres del brazo, y les piden “por favor mamá cómprame una imagen, quiero esa”, y sus madres dicen tirando del brazo también “ahora no, ¡que te he comprado esta semana diez imágenes ya!”. Los adolescentes entran, compran poco, no suelen tener mucho dinero, pero se acercan a las imágenes oscuras, y se quedan largos ratos, a veces se emocionan, y luego, con mucha vergüenza y monedas sueltas me dicen si les llega para un par de ellas, y yo les hago rebaja y les digo que sí, que claro, y se van tan contentos con su imagen, para verla a solas, o regalársela a un novio, a una novia, a un amigo, para guardarla en su cajón de imágenes, porque ¿quién no quiere bajar a la tienda y comprar una imagen?

Así será mi tienda. Cuando llegue Navidad todo el mundo vendrá a comprar imágenes nevadas, y en cuanto empiece a notarse el calor de la ciudad, antes de las vacaciones, tendré mucho trabajo porque todos querrán ver una playa increíble. Me dedico a hacer imágenes desde los 15 años. Me gustaría hacerlas toda mi vida. Y venderlas. Para poder alquilar una casa y tener un bebé y comer en un italiano e ir al teatro. Ojalá trabaje siempre en mi tienda de imágenes. No tengo muy claro cómo será el futuro de la arquitectura. Dicen los expertos que malo. Que precario. Que insolvente. Yo quería soñar esta mañana con algo tan sencillo como un sitio donde hacer imágenes y venderlas, y que vengáis y paseéis por las estanterías, y si alguna os gusta os la llevéis, y si queréis algo más concreto me hagáis un encargo. Y envejecer con dignidad y experiencia. Y que no todo sea vanidad. Y haber hecho feliz a mucha gente de una manera sencilla, directa, y sin intermediarios, con mis imágenes. Nada más. Buenos días. Podéis volver por aquí cuando queráis. Abro temprano la tienda y tengo café en un termo.

F.

FELIZ NAVIDAD Y GRACIAS POR OTRO AÑO DE DRAMA :)